Obalúaiye (Rey
de la tierra caliente) o Omolú (el niño del calor) son los
nombres generalmente dados a Sànpònná, Dios de la viruela
y de las enfermedades contagiosas, cuyo nombre es peligroso
pronunciar. El es aquel que enferma a los malhechores e insolentes
enviándoles la viruela y diferentes epidemias.
El culto a
Obalúaiye, así como el de Nanã Buruku,
parecen formar partes de sistemas religiosos pré Odùduà. Ni
uno ni otro consta de la lista de los compañeros de Odùduà
cuando su llegada a Ifé. Pero algunas leyendas de Ifá dicen
que Obalúaiye estaba ya instalado en Òkè Itase antes de la
llegada de Òrúnmìlà, que formaba parte de aquel grupo. La
antigüedad de los cultos de Obalúaiye y Nanã Buruku, frecuentemente
confundidos en ciertas partes de África, es indicada por un
detalle del ritual de los sacrificios de animales que le son
hechos. Ese ritual es realizado sin el empleo de instrumentos
de hierro, indicando que esas dos divinidades formaban parte
de una civilización anterior a la Edad del Hierro y a la llegada
de Ògún que vino con Odùduà.
Algunas leyendas
hablan de Obalúaiye y Nanã Buruku contra Ògún. Los primeros
se rehusan a reconocer la antigüedad del Dios del Hierro como
siendo anterior a la de ellos propios y, en consecuencia,
de servirse del hierro en sus actividades. Esa disputa entre
divinidades podría ser interpretada como el choque de religiones
pertenecientes a la civilizaciones diferentes, sucesivamente
instaladas en el mismo lugar y datando de periodos respectivamente
anteriores y posteriores a la edad del hierro podría también
ser consecuencia de la diferencia de origen de pueblos venidos,
unos del Este con Odùduà y otros del Oeste, anteriores a ese
acontecimiento.
El lugar de
origen de Obalúaiye es incierto, pero hay grandes posibilidades
de que haya sido en territorio Tapá (o Nupê). Si ese no es
su origen, sería por lo menos un punto de división de creencia.
Frobenius escribía que le hubia sido dicho en Ibadan que Obalúaiye
había sido, antiguamente, Rey de los Tapá.
Tuvimos oportunidad
de asistir a bellisimas ceremonias en un lugar llamado Isaba,
en el Holi del ex-Dahomé, en 1953 una época en que el modo
de vista en esa región estaba aún preservado de los beneficios
de las civilizaciones extranjeras. Fue poco antes de ser abierta
la carretera Pobê—Kêto en esa región pantanosa, donde hasta
entonces ningún lecho de carretera había resistido a las estaciones
lluviosas. Esas fiestas se realizaban en un templo de Obalúaiye,
que tenían el nombre de un río, Idi, ese río corría cerca
de ese local en la región Ahori, del lado Nigeriano de la
frontera.
El templo
consistía en un gran cercado rústico, hecho de estacas clavadas
en el suelo, delimitando en llena floresta el espacio consagrado
al dios de la viruela. En el centro se encontraba un montículo
de tierra, sobre lo cual había una olla de barro (Ajere),
cuya tapa llena de orificios, recuerda las cicatrices dejadas
por la viruela, simbolizando la acción del Rey dueño de la
tierra contra los malhechores y los insolentes.
Dos cabañas
de estilo Holi estaban situadas una enfrente la otra en los
dos extremos, eran cabañas concebidas para el clima de esa
región con paredes de bambu y tejados de paja, además de ellas
había un gran refugio sin paredes ni vallas que servía como
local de reunión, cocina, refugio contra las intempéries o
dormitorio para las personas que venían a tomar parte en la
fiesta.
Volviendo
la ceremonia, ella tenía por objetivo mostrar las primeras
danzas de los iniciados en público. En la noche de la víspera,
hubo un àìsùn (no dormir). Alrededor de las ocho horas de
la noche, los participantes del culto de Obalúaiye estaban
reunidos en el gran refugio, sentados sobre esteras. Los iniciados
estaban acostados en el suelo, con la cabeza raspada, aire
ausente, vestido con un paño bordado de búzios y amarrado
en el hombro izquierdo, tenían incontables pulseras, hechas
de búzios, amarrados alrededor de los pulsos y de los tobillos,
y traían la tiracolo largos collares hechos de búzios de manera
a imitar escamas de cobra, semejantes a los ya mencionados
la Oxumaré, llamados brajá en Brasil. Tenían el rostro, las
manos y los pies abundantemente salpicados de polvo vegetal
rojo, osùn.
Los atabaques
batían de tarde en tarde un ritmo vivo e intermitente que
animaba algunos de los asistentes a bailen por algunos instantes.
Pequeñas lamparinas de aceite (fìtílà)
iluminaban suavemente la asamblea. A la medianoche, trajeron
una copa de barro contiendo aceite, en la borda de la cual
colocaron mechas de algodón y las encendieron mientras las
lamparinas eran apagadas.
Toda la asamblea
se sentó alrededor y uno de los responsables por el culto
empezo a lanzar substancias y hojas sobre las llamas, pronunciando
palabras constrangedoras. Sus manos pasaban y repasaban por
encima del fuego, que ahora brillaba y crepitava quemando
aquellas substancias, ahora vacilaba, pareciendo extinguirse,
pero se reavivaba con nuevas dosis de productos y hojas. La
asistencia seguía atentamente todas esas operaciones. Sin
embargo, la llama terminó por borrarse. La oscuridad fue total
y los asistentes sueltan un grito prolongado. Cuando las lamparitas
fueron nuevamente encendidas, la copa no estaba más allá.
Todo el mundo retomó un aire alegre y aliviado.
El gris, resultante
de ese trabajo, iba a ser mezclada a las bebidas y a los baños
rituales dados a los iniciados. En el día siguiente por la
mañana, los iniciados hicieron la tradicional descendía al
rio y en el comienzo de la tarde, se realizaron las primeras
danzas en público. Sus evoluciones eran acompañadas por las
de sus iniciadores y de diversos sacerdotes de Obalúaiye,
venidos de los templos de las aldeas vecinas. Los trances
se manifestaban con grandes gestos de brazos, inclinaciones
de cuerpos para el frente y para atras y con una tal violencia,
que los elégùn parecían estar a punto de pierder el equilibrio.
Los asistentes
venían inmediatamente a amparar y abrazar sus cuerpos agitados,
luego los trances se calmaron y fueron todos a inclinarse
delante del montículo de tierra cubierto por el ajere, y nuevamente
a bailar. Se podía observar el aire trocista y desconectado
de los más viejos, en contraste de la expresión concentrada
y tensa de los iniciados. Esos tenían una escoba en las manos,
llamada África ilewo y en Brasil Xaxará de Obalúaiye y en
Cuba los Arará lo laman jay, símbolo de la propagación y de
la cura de las enfermedades.
En Brasil
y en Cuba, como en África, Sànpònná es prudentemente llamado
Obalúaiye o Omolu. Las personas que le son consagradas usan
dos tipos de collares: El lagidiba, hecho de pequeñitos discos
negros hilados, o collar de cuentas marrones con listas negras,
cuando el dios se manifiesta sobre un de suyos iniciados,
él es acogido por el grito Atotô.
Sus hijos
bailan enteramente revestidos de paja de la costa. La cabeza
también es cubierta por un capuz de la misma paja, cuyas flecos
recubren su rostro. En conjunto, parecen pequeños montes de
paja, en cuya parte inferior aparecen piernas cubiertas por
pantalones de renta y en la altura de la cintura, manos blandiendo
un xaxará, especie de escoba hecha de nervios de hojas de
palmera, decorada con búzios, cuentas y pequeñas cabaças que
se suponen contener remedios. Bailan curvados para el frente,
como que atormentados por dolores, e imitan sufrimiento, las
tos y los temblores de fiebre.
En el odù
Ogbè Ògúndá se explica que Obalúaiye
hizo su entrada en la tierra de los Arará de Dahomey. Y esta
más que claro en el òdu Ìretè Òbàrà
que a Obalúaiye lo botaron de su tierra los yorùbás.
Sànpònná,
Asojano, Obalúaiye o como le deseen llamar es del dominio
pleno de los Dahometanos, pueblo ubicado en Benin lugar de
donde llegaron los secretos de la deidad Asojano. A esta egnia
se le conoce en Cuba con el nombre de Arará, son ellos los
que llevaron ese secreto a Cuba, son ellos los que realmente
consagran Asojano en Arará, pues para entregarlo se debe de
estar consagrado en Asojano en Arará o estar consagrado en
algun voodun Arará. Asojano habla a través de Ifá, el no habla
a través del oráculo érìndínlógún. Asojano es fañoso al igual
que Osányìn, el único interprete de Asojano es Ifá. Los Babaláwos
que eran consagrados en Ifá en Arará y manejaban las ceremonias
de este, eran llamados Bokonos,
ellos eran los encargados de realizar los Itas del voodun
Asojano. Ifá en tierra Dahometana era conocido como Fá. Òrúnmìlà
tambien era llamado Afafá, a ellos les llego el sistema de
adivinacion de Ifá, sinembargo ellos no adoraron a Òrìsàs,
ellos adoraron Voodun.
Sònpònná,
Asojano o Obalúaiye es considerado como hijo de Òrànmíyàn
y Yemòjá. Este era de naturaleza cruel y tenía el hábito de
ser problemático. En cierta ocasión tuvo una pelea con un
hombre y lo mató. Sus padres, para castigarlo, lo echaron
de su casa. Sin hogar, comenzó a vivir en la calle hasta que
un hombre de gran conocimiento médico lo recogió y lo hizo
su esclavo. Luego le enseñó el arte de preparar pociones mortales
y venenos.
Con su nuevo
conocimiento, comenzó a derramar "líquidos" en la
tierra en diferentes partes de la ciudad, por esa razón muchas
personas se enfermaron de viruela. Haciéndose pasar por doctor,
llegó dando esperanza de que podría curar la epidemia, la
gente se le acercó a pedir ayuda. Sònpònná curó a algunos
pero a la vez mató a muchos. Obviamente él poseía inmunidad
y mientras los otros médicos que intentaban curar a las personas
morían, él seguía vivo por eso se le deificó y se le temió
en todas partes.
Las personas
que mueren de viruela nunca son enterradas por personas ordinarias,
sólo los devotos de esta deidad se encargan de esta labor.
Los familiares del fallecido deben gastar mucho dinero el
cual es entregado al sacerdote de Sònpònná, luego éste envía
a sus asistentes por el cadáver.
Oríkì Obalúaiye
(Alabando al Rey de la tierra caliente)
Iba
Obálúaiye, Asin-mo-l’égbàá-iyanjú, aso – oní – ìkónkò – t
i – mbó l’or í –eékú.
Alabo al Rey de la tierra caliente, lo llamamos por sus respetables
nombres.
Ibarida
f’le mi bun mi ko wo. Ase.
Puede que el espíritu de la enfermedad evite mi casa.
Ase.
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